Me perdono la vida
Las reglas de la casa son sencillas: abrazar la penumbra. Escuchar y atender las voces. No perturbar el recuerdo de los muertos. Abrir solo aquellas puertas que puedan volver a cerrarse. Recordar que la tierra siempre está hambrienta. Y, por encima de todo, saber que todo aquello en lo que se cree, existe.
Hace ...

