Mara Sangrenegra
La mina de Lengua Rota nunca duerme, solo cambia de color. Bajo sus techos astillados, las vetas de ónice palpitan con un fulgor enfermo. El aire sabe a fósforo. Cada bocanada desgarra la garganta, pero sin respirar no hay paga; y, sin paga, no hay mañana.
A diario, el sol Vénon se apaga durante cuatro ...

