Libro Victoriano de la Sangre.

Libro Victoriano de la Sangre

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  • EAN: 9788412044256
  • ISBN: 978-84-12-04425-6
  • Editorial: La Felguera
  • Encuadernación:
  • Páginas: 196

  • Materias
  • Fabulaciones
Disponible en 48/72 horas

24,90 €

El Libro Victoriano de la Sangre (Victorian Blood Book) es una de las más bellas y extrañas rarezas de la época victoriana, una joya visual de 1854 nunca antes publicada y que ahora ve la luz en una edición facsímil. El Libro Victoriano de la Sangre (Victorian Blood Book, también conocido como Durenstein!) es una de las más bellas y extrañas rarezas de la época victoriana, un intrincado y espectacular libro iluminado repleto de imágenes de ángeles, serpientes, caballeros templarios, sarcófagos o crucifixiones junto a cientos de citas bíblicas -mucha de ellas del Apocalipsis- y fragmentos de poemas de Shakespeare, Wordsworth o Dante, entre otros.

Su autor, John Bingley Garland, realizó 41 espectaculares láminas de una apabullante belleza: junto a recortes de obras de autores como William Blake, de quien era devoto, escribió a mano en los espacios que quedaban libres al tiempo que llenaba las páginas de animales alados, escenas piadosas o tinta roja que simulaba gotas de sangre. Los títulos de cada lámina son desconcertantes: «El sueño eterno», «Líbranos del mal», «Sombras», «Crespúsculo», etc. El resultado es de una fuerza enorme, casi un jeroglífico, una obra que es un enigma en sí misma.

El Libro Victoriano de la Sangre, fechado en 1854, fue un regalo que Garland preparó para cuando su hija Amy se hiciese mayor y abandonase el hogar familiar. Su objetivo era mostrarle cómo era el mundo, tanto el visible como el invisible, a través de un increíble scrapbook que, a mediados del pasado siglo, llegó a manos del conocido coleccionista de libros extraños Evelyn Waugh, que desde entonces lo consideró como el más singular y misterioso de su gran biblioteca.

Es la primera vez que se publica esta joya bibliográfica y libro de las maravillas, prologada por Juan Mari Barasorda. Para ello hemos contado con la magistral traducción de Javier Calvo en una cuidada edición facsímil de la que, muy posiblemente, el mismísimo Garland estaría orgulloso.